domingo, 14 de marzo de 2010

Arvidsjaur, 9-11Mar2010



Una de las razones por las que elegimos Lulea (entre otras claro), fue porque nos habían comentado que había una asignatura con la que hacías un viaje en el que construías un iglú y pasabas una noche en él. Pues bien, finalmente llegó el esperado viaje y la verdad es que estuvo a la altura.

El martes por la mañana cogimos el bus hacia Arvidsjaur, no se cuánto duró el viaje porque fui sopa todo el tiempo. Nada más llegar al campamento militar en el que nos alojaríamos la primera noche el general (o capitán o sargento.... ni idea) Gustavsson nos dio la bienvenida. Primera norma.... las 8.00 son las 8.00 no las 8.01, creo que no llegué ni una vez puntual jeje. Tras esto un esperado desayuno o "fika" como dicen los suecos.

Reparto de habitaciones y a recoger el material. Nos dieron una primera capa térmica de lana, una chaqueta gorda de lana (verde militar como está mandado), pantalones de esquí (los míos), pantalón y chaqueta de chubasquero blancos, mochila, cubiertos, termo, cantimplora.... equipados a tope.

Tras todo esto cogimos el bus y nos llevaron al sitio en el que íbamos a montar el chiringuito, una explanada con 122 cm de nieve sobre el que dar dos pasos seguidos sin tropezar era todo un logro.


Reparto de palas, primeras indicaciones y manos a la obra, a amontonar nieve hasta que el montón fue más alto que todos nosotros. Teníamos que construír un iglú para 5 personas.... a ojo por supuesto.



Una vez hecho esto vuelta para el army camp a cenar (a las 16.30) y a recibir una lección por parte de Sir Gustavsson de consecuencias del frío en el cuerpo humano (un pelín gore en algún momento). Antes de dormir otra "fika".



El día siguiente empezó a las 6.30. Desayuno y en bus al campamento esquimal. La historia del iglú era rascar dentro del montón de nieve, que se había compactado y endurecido durante la noche. Empezamos por la puerta y pasillo, para seguir por la habitación... el problema es que nos pasamos de pasillos y la habitación nos quedó demasiado pequeña, más calentitos por la noche.



En el tiempo en el que el iglú iba cogiendo forma comimos, tomamos datos de la nieve con sus capas y sus cosas (122 cm dan para mucho), y cenamos alrededor de un fuego muy jugoso una especie de kebab de reno que supo a gloria.

Tras esto, llegó el momento más complicado, meternos todos en los sacos y conseguir entrar en ese pequeño espacio. Para la distribución dentro utilizamos la lógica femenina, como en los lados hace más frío, los chicos a los lados, como para decir que no.



La verdad es que la noche fue bastante agradable, frío porque estaba pegado a la pared, y un poco incómodo porque el espacio era muy limitado, pero dormí casi del tirón.

A la mañana siguiente recoger todo y a casa después de una experiencia buenísima.


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